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Ladrones de criptobancos (fragmento)


Amainó la tormenta y abandonó el árbol que le había estado sirviendo de refugio.

—Joder, doy gracias a las casualidades; cinco minutos más y me habría sorprendido en mitad del descampado—miró al frente y exaló otra calada más del fabuloso puro Monterrey que le habían regalado en su última asistencia a una de esas aburridas bodas de presuntos amigos—. Menos mal que pillé varios de estos—se miró el interior del abrigo para asegurarse de que todos los puros seguían allí. Le gustaba salir con repuestos para solventar su adicción a la nicotina. Tras un par de caladas empezó a quemarse los dedos pulgar e índice, señal de que estaba acabando ya, levantó ambos dedos e impulsó el cubano hacia la lejanía mientras sonreía con una mueca endiablada. Su malvada sonrisa iba acorde con su sentido del amor propio, tan grande que casi desbancaba al de los catedráticos de Infosec. No, lo superaba.
—Cuando fumas el mundo parece desacelerar por algún extraño fenomeno cuántico de la mente—pensó, aunque no le gustaba creer en chorradas holísticas ni teorías de la mente, pero aquello debía de tener alguna sacra explicación.  Entonces se acordó y sacó un cuaderno de la mochila, dirigiéndose al banco más cercano para anotar algo. 

«Vigésimo día sin ti y aún no te echo de menos. Como te dije, aún no he aprendido a amar 25/01/2018»

Nada más plasmar su reflexión se levantó y se dirigió a la oficina bancaria. Allí se encontraba cada día con ella pero, desde la ruptura, ella decidió cambiar de lugar de trabajo para marcar distancias. Era una estúpidez que aceptaba indiferente ya que por él habrían seguido compartiendo espacio. Ambos eran hackers y se habían conocido en el ciberespacio. Sólo una sucesión de medias verdades de una borrachera durante 2017 les llevó a delatar su identidad digital. Uno era el otro y ambos lo sabían.  Los ladrones de criptobancos eran una especialidad de alto riesgo que estaba creciendo en la sociedad del siglo XXI.  Y ellos eran dos de los mejores ladrones.

—Estúpida—se dijo justo al entrar en el edificio—ya me estoy acordando de ti más de lo que debo.

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