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Entradas

Del mito a lo real

Cada cierto tiempo se eligía a los dioses que se disputarían los siguientes eones—confesaba entre frases inconexas, como con miedo, pero diciendo la verdad—. Puede que parezca místico, mágico, pero no había nada más vacío que elevar a un dios a los cielos. Bastaba una historia para que los juglares hicieran el resto. Era su trabajo. Ellos, profetas legítimos, con sus poemas y sus danzas, durante la media noche, cuando el miedo y el frío apretaban a los espectadores alrededor del fuego, cantaban a los dioses súplicas de protección y abastecimiento. Era su forma de perpetuar las historias en mito. Y así, sin más, cuando ya nadie recordase el origen de los rituales, se habría creado un dios en el imaginario colectivo.
De la nada.
Dioses, ángeles, demonios, estrellas de televisión, periodistas o columnistas. Qué mas daba. Se estiró en la hamaca mientras se tostaba al sol.  Aquello era el paraíso—seguía imaginando el mundo de los dioses—. Lo mediático era un fenómeno macrosocial que asusta…
Entradas recientes

Sinestesia Musical

Hubo una época en que (él) le ponía música a todo: a su vida, a sus emociones y como no, a lo que escribía. En el caso de sus poemas, era como si cada verso llevase asociado un patrón musical, una especie de doble dimensión, y por doble me refiero a como lo son, en física, el Espacio y el Tiempo; en el que sus ritmos, tanto silábicos como musicales, estarían en una perfecta dualidad sincronizada. Pero para ser sinceros, yo no veía nada de especial en sus poemas, así que supuse que sería como si una mente savant hubiese intentado que las sílabas, el tempo, la escala, o lo que fuera encajasen de alguna forma matemá(t/g)icamente en un único tejido espacio-temporal y que éste además tuviese textura, sabor, color y tono musical. ¡Ah! Que me ahogo. Y yo, simple mortal, tan sólo podría disociarlos para percibir cada rasgo por separado, uno a uno, pero nunca jamás juntos. Él tenía sinestesia musical y yo, para descifrarla, imaginación y letras.

¿Sabes lo que es antidisociativo? —me insistía, …

Analista de Malware (fragmento)

Morena, de resultantes curvas y de un metro setenta de altura, Brooklyn era una persona distraída y salvaje que todavía no había recogido su título de Ingeniera. Para qué. Nunca lo necesitó: ejercía por pasión y por su gran experiencia en el campo de la seguridad informática. Aún era muy temprano para ser sábado pero acababa de desvelarse. Tenía que terminar de analizar un malware en Linux que había dejado a medias la noche anterior; así que cogió el portátil, se lo colocó entre las piernas y ya sumergida en la pantalla minimizó la ventana del navegador, dirigiéndose a la Máquina Virtual, que estaba deliberadamente congelada para contener pausado el malware. Los expertos en seguridad forense congelaban las máquinas virtuales para que cualquier programa que se estuviese ejecutando permaneciese congelado en el espacio y en el tiempo, algo esencial cuando tratan a la víctima. Con los ojos aún adormilados, se encontraba analizando un ejecutable de tipo ELF que aprovechaba una vulnerabilid…

Ladrones de criptobancos (fragmento)

Amainó la tormenta y abandonó el árbol que le había estado sirviendo de refugio.

—Joder, doy gracias a las casualidades; cinco minutos más y me habría sorprendido en mitad del descampado—miró al frente y exaló otra calada más del fabuloso puro Monterrey que le habían regalado en su última asistencia a una de esas aburridas bodas de presuntos amigos—. Menos mal que pillé varios de estos—se miró el interior del abrigo para asegurarse de que todos los puros seguían allí. Le gustaba salir con repuestos para solventar su adicción a la nicotina. Tras un par de caladas empezó a quemarse los dedos pulgar e índice, señal de que estaba acabando ya, levantó ambos dedos e impulsó el cubano hacia la lejanía mientras sonreía con una mueca endiablada. Su malvada sonrisa iba acorde con su sentido del amor propio, tan grande que casi desbancaba al de los catedráticos de Infosec. No, lo superaba.
—Cuando fumas el mundo parece desacelerar por algún extraño fenomeno cuántico de la mente—pensó, aunque no…

Sobrevivir

En este mes se cumple un año del momento en el que decidió levantarse de una maldita vez. No lo consiguió, pero el intento tampoco fue en vano. ¿Cómo serlo si la vida son momentos y aquel, sin duda, fue uno de ellos?

Sí, fue (en) aquel camino.
Y sí, hablo de él.
Así que allá vamos.

Todo comenzó como le surgían las grandes ideas: dando un largo paseo por las afueras, a solas, por campos y caminos de albero improvisados por ciclistas de montaña. De aquel día, ¿que podría contarte de uno de sus sábados cualesquiera? Un aburrido e infinito trayecto de más dos horas. Puf, lo que puedo decirte es que fue allá perdido cuando desconectó por completo del paisaje que le rodeaba. ¡Cielos! Fue tan de repente, tan irreal como real, que de un insight comprendió su vida. Los árboles, los cultivos, la tierra... todo estaba ahí sin estar él, sí, ahí, una especie de ahí sin mí; tal como suena. Estaba siendo foráneo de su propia percepción, de su propia existencia. Estaba sintiendo la extrañeza en su má…

Imperfecto

Nota del Autor: Este post es un experimento y una crítica a los poetas.
En este poema voy en playback como creyendo que alcanzo a la canción que siempre dejé atrás.
A tí, Diosa del Destino, 
que en lienzo dibujé
prófugas estrofas
de aquella estúpida melodía 
que una vez imaginé:
fuiste hado, fuiste hada
 y fuiste fatalidad,
dulce Perseída de fin infinito
cuyo destino ahora inquiero
¿por qué precipitaste?
Si tus estrellas jamás alcancé
bajo este siniestro cielo
que sólo conoció mortandad.
Poema 

Con fin abrupto, inspirado en la mitología y estilo demasiado imperfecto, ¿cómo podría llegar esto a ser poema? Sus versos, meses después de escribirlos, hasta podrían llegar a gustarte. Incluso podrían estar dedicados a una Diosa Celestial imperfecta o a una predecible Musa del Destino, quién sabe. Ambas mortales. Aunque, para ser del todo sincero, en el poema no hay nada de poesía, sinoun algo-rítmico que no pasa de ocurrencia adolescente. Además, es el amor a uno mismo lo que adorna este poema primerizo y v…

En primera persona (del pasado simple)

Nos pasamos la vida recordando el pasado, algunos más que otros pero, de hecho, probablemente es lo único que hacemos todo el maldito rato. Sin distinción. Por eso esta entrada la voy a escribir en primera persona sin recurrir a artilugios literarios como son «metaforear» o enmascarar un poco de mí dentro de un mucho de lo demás. Todo sea, por esta vez, no esconderme.
Fui. Amé. Canté. Grité. Escribí. Desaparecí. Regresé y me... fui (de nuevo).
El pretérito perfecto simple parece un tiempo verbal creado para amenazarnos con incómodas verdades. De verdades que ya nos golpearon la conciencia y fueron asimiladas por la memoria. De verdades que son capítulos de la vida ya cerrados y que... Ya. Ya. Ya, tranquilo, tranquila, que no voy a recurrir a los viejos libros de gramática para dar una aburrida clase y decir que es usado para expresar una acción ya acabada en el tiempo. Curiosamente, jamás me detuve demasiado con el pretérito perfecto; de ahí a que me cueste tanto conjugar el pasado sim…